viernes, 7 de septiembre de 2007

Tiempo perdido

De ti sólo guardo nombres vacíos.
Las sobras quietas de una sensación
que se detuvo en el perfil del mundo.
No siempre fue así, claro.
No lo fue durante aquel largo invierno,
cuando bajo tu axila se escondía
el sudor antiguo del mundo
y tu ojos eran un charco
en el que ahogar cada noche la rabia.
Mi mirada hizo de ti lo que no eras.
Y no eras el libro cerrado
que hoy reposa su cansancio en mi vientre,
implorando la sombra de un beso que no existe.
Antes, eras la paciencia del agua
por eso no sé si mi nuevos ojos
podrá mirar sin miedo
el rostro de un tiempo perdido.