lunes, 17 de septiembre de 2007

Si el hombre pudiera decir lo que ama

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

Miseria de la poesía

La lenta concepción de una metáfora
o bien ese temblor que a veces queda
después de haber escrito algunos versos
¿justifican una vida? Sé que no.
Pero tampoco ignoro que, aun no siendo
cifra de una existencia, esas palabras
dirán que quien dispuso su armonía
supo ordenar un mundo. ¿Y eso basta?
Los años van pasando y sé que no.
Hay algo de grandeza en esta lucha
y en cierto modo tengo
la difusa certeza de que existe
un verso que contiene ese secreto
trivial y abominable de la rosa:
la hermosura es el rostro de la muerte.
Si encontrase ese verso, ¿bastaría?
Tal vez no. Su verdad, ¿sería tanta
como para crear un mundo, para darle
color nuevo a la noche y a la luna
un anillo de fuego, y unos ojos
y un alma a Galatea, y unos mares
de nieve a los desiertos? Sé que no.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Elogio de la sombra

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

viernes, 7 de septiembre de 2007

En letras

He extendido las letras en la tarde
esperando que llegues a mi verbo.

Deletreo tu nombre en la paciencia
y rozo con los dedos las palabras.
Trazo enes de "no estás"
y aminora la ausencia su destino.

Columpio diccionarios sobre las avenidas
y los significados se hacen grandes.
Consuelan la mirada
y la conducen dónde quiere estar
-muy lejos,
o cerca si es tu gesto el que saluda
mi nombre tras la lluvia-.

Te encierro en letras
regalándote el rostro de una sombra.

Me empino sobre el signo que te escribe
y, en silencio, te beso.

Tiempo perdido

De ti sólo guardo nombres vacíos.
Las sobras quietas de una sensación
que se detuvo en el perfil del mundo.
No siempre fue así, claro.
No lo fue durante aquel largo invierno,
cuando bajo tu axila se escondía
el sudor antiguo del mundo
y tu ojos eran un charco
en el que ahogar cada noche la rabia.
Mi mirada hizo de ti lo que no eras.
Y no eras el libro cerrado
que hoy reposa su cansancio en mi vientre,
implorando la sombra de un beso que no existe.
Antes, eras la paciencia del agua
por eso no sé si mi nuevos ojos
podrá mirar sin miedo
el rostro de un tiempo perdido.

domingo, 12 de agosto de 2007

Dale recuerdos al tiempo

Quise reencarnarme en un trazo
que dividiera en dos la perfección
de los abecedarios.
Dale siempre recuerdos al tiempo de mi parte
porque, con una sola letra,
levantó ventiscas en la costumbre
de masticar la noche a solas.
Dile a esa frase sin terminar
que multiplique el efecto sonoro
de nuestro yo más incompleto.
No es suficiente recrear palabras
para acallar el ritmo
de unas horas que sólo dibujaron carencias.
Y, de nuevo, trazar interrogantes
ante ese porvenir de aguas saladas
que no anuló el efecto de los jueves.
- Huir, tarde, de las sombras.-
Dile al diptongo de mi boca sobre tu boca
que traduzca el sabor de mi saliva
en el trazo imposible de un mañana.

Resumir

Mientras un mosquito destruye su hora
en nuestro oído,
yo recuento los dedos de tu mano
intentando resumir
los días que no están.
Pero sigo sin saber si es amor
o sólo la cosquilla de un estómago
con hambre.

martes, 17 de julio de 2007

Cuando llegues

Cuando llegues, aunque parezca tarde,
te diré que eras la lluvia esperada. Supongo que hará frío
y que las monedas habrán gastado sus nombres.
Supongo que un ojo parecerá mudo
y que los mapas, abrasados, bajo agosto
helarán el rastro de abril
-todo lo que no fue posible-.
Llegarás, aunque, tal vez, sea tarde.
Tan tarde,
tan sombra y tan peligro.
Tan frágil y tan suceso,
como la proximidad de la muerte.
Llegarás.
Y tú, que pareces tan importante,
te apoyarás sobre mi nombre vano.
Y empezarás a estar.
Tan débil, tan roto, tan amarillo
como mi derrota solitaria ante los lunes.

domingo, 15 de julio de 2007

No lo ves?

Mira las heridas de mis rodillas,
con ese gesto inclinado de párpados
que sólo se desnuda en la ceguera.
Estoy muerta, no ves que tengo frío?
Mis manos se estudian sobre las tardes,
son manos de hielo
bajo el destino autista de tu vientre.
Aún tengo frío
y colegios rotos sobre la boca.
Soy pequeña, no lo ves?
A penas una niña
que se niega a crecer en las aceras.
Tengo frío y tal vez algo de miedo
(a no encontrarte).
Se rozan el frío y la soledad,
los lugares que nos vieron sin ojos,
las trampas de los años.
Roza el mundo un reloj que marca tiempos.
Pero yo sigo siendo una niña, no lo ves?

Thelma & Luise




Thelma es un ama de casa que vive una existencia anodina junto a Darryl, su marido, un machista redomado detestable que la trata como a una niña. Louise trabaja como camarera en una cafetería mientras anhela que Jimmy, su novio músico, le pida matrimonio. Las dos deciden que lo que necesitan es un fin de semana alejadas de la rutina, y emprenden un viaje en el Thunderbird descapotable de 1966, propiedad de Louise. Durante su escapada, alcanzarán un punto sin retorno a partir del cual irán descubriendo nuevas perspectivas sobre la vida que desconocían hasta entonces.

Desayuno con diamantes



Basada en la novela de Truman Capote, Desayuno con diamantes se ha convertido con los años en una de las películas más emblemáticas de los años 60.
Bajo la apariencia de una comedia romántica se encierra una crítica clara contra las clases sociales más acomodadas y de lo que algunas personas llegan a hacer para ganarse un hueco entre los primeros.



Y tu mamá también




 

21 gramos





Tengamos o no miedo a la muerte, ella siempre llega, y en ese momento nuestro cuerpo pierde veintiún gramos de peso. ¿Acaso el alma de una persona pesa veintiún gramos? ¿Es ese peso absorbido por los que nos sobreviven?



sábado, 14 de julio de 2007

Deliciosa Martha






 

Lo importante es amar




Un fotógrafo free-lance se cuela en el rodaje de una película porno para robar las instantáneas de una actriz . Ésta advierte su presencia y le pide que no se las haga puesto que "es una actriz seria que hace esto para comer". A pesar de que la actriz está casada con un coleccionista de fotografías de cine él no consigue olvidarla; pide dinero prestado a un hampón y financia -en secreto- una obra de teatro que puede suponer un espaldarazo a la carrera de ella.

Empieza así una de las historias de amor más locas del cine europeo.

viernes, 13 de julio de 2007

O vivir en tu vientre

Mi sofá orienta su nombre hacia Roma.
Quiere recordar sus calles
cuando te abrazo sobre los muebles viejos.
Cuado araño en ti el espejismo del dolor,
las palabras que, apenas, nombraron luz
y esa trampa seca de los raíles
que observan el recorrido del tiempo.
Yo observo la lentitud del mundo desde tu hombro.
Cuando te miro,
mis dedos ya no recorren los mapas,
se detienen, lentos, sobre la aurora.
Pudieran apagar en ti la edad.
Rescatarte de las ciudades muertas,
de esa antigüedad de árboles sin nombre
que predicamos desde la ventana.
Como si fuera posible morir
en los espejos.
O vivir en tu vientre.

sábado, 23 de junio de 2007

Nada sé

Con cambiarte de traje, te cambio también de alma.
( No adivinas mi angustia. No sé casi quién eres. )
Gabriel Celaya

Quién se esconde bajo ese rumor de noche.
Nada sé de él. Que respira.
Que sus miedos me espiaban
desde la diferencia de los días lluviosos.
Sé, a penas, lo que me enseñó su cuerpo,
su voz en los telegramas.
Nada sé de él.
Que recorre los libros y huele a mar,
a latidos rotos sobre febrero.
Sé que sus lápices pintaban veranos
en los pasillos vacíos.
Pero no entiendo su dolor urgente
ni esa rutina que le impide acercase a mí.
Nada sé de él por eso huyo de una tristeza
que ya no me inspira cafés. Ni versos.

domingo, 17 de junio de 2007

La ceguera

Te protejo del tiempo, si me dejas,
si me nombras azul en las palabras.
Ajena pero próxima a las nubes,
lamiendo los nombres en tu dolor.
Te protejo de la lluvia de marzo
y de las ciudades abortadas en el tiempo.
Te hago sombra en los círculos,
mientras mis ojos miran tu costumbre.
Pero es pequeña mi mirada. Y antigua.
No sirve para vivir.
Ni para salvar a la noche.
Es sólo una mirada de ventanas abiertas,
de tráfico pasajero.
Un ojo abrazado a la piel de los insectos
para morir.
O para definir la ceguera de los hombres.

La pregunta

En la noche avanzada y repetida,
mientras vuelvo bebido y solitario
de la fiesta del mundo, con los ojos muy tristes
de belleza fugaz, me hago esa pregunta.
Y también en la noche afortunada,
cuando el azar dispone un cuerpo hermoso
para adornar mi vida, esa misma pregunta
me inquieta y me seduce como un viejo veneno.
Y a mitad de una farra, cuando el hombre
reflexiona un instante en los lavabos
de cualquier antro infame al que le obligan
los tributos nocturnos y unas piernas de diosa.
Pero también en casa, en las noches sin juerga,
en las noches que observo desde esta ventana,
compartiendo la sombra
con el cuerpo entrañable que acompaña mis días,
desde esta ventana, en este mismo cuarto
donde ahora estoy solo y me pregunto
durante cuánto tiempo cumpliré mi condena
de buscar en los cuerpos y en la noche
todo eso que sé
que no esconden la noche ni los cuerpos.

sábado, 16 de junio de 2007

Alto jornal

Dichoso el que un buen día sale humilde
y se va por la calle, como tantos
días más de su vida, y no lo espera
y, de pronto, ¿qué es esto?, mira a lo alto
y ve, pone el oído al mundo y oye,
anda, y siente subirle entre los pasos
el amor de la tierra, y sigue, y abre
su taller verdadero, y en sus manos
brilla limpio su oficio, y nos lo entrega
de corazón porque ama, y va al trabajo
temblando como un niño que comulga
mas sin caber en el pellejo, y cuando
se ha dado cuenta al fin de lo sencillo
que ha sido todo, ya el jornal ganado,
vuelve a su casa alegre y siente que alguien
empuña su aldabón, y no es en vano.