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sábado, 22 de marzo de 2014

Humedad

Tal vez ya somos líquido,
tal vez sólo nos falte pronunciar la saliva
y dejar que nos beba.

Que nos mojen las noches y sus peces.
Que despierte el extraño que duerme en nuestra boca.

sábado, 30 de octubre de 2010

Negación

Todo incita a la noche
y, sin embargo, yo la niego
como otros niegan la verdad más nítida.

No he de quedarme a oscuras
sentada frente a mis vestidos rotos.

No he de quedarme aquí,
mientras afuera exista algún destello,
un solo nombre sin espalda.

He de salir de la mujer dormida,
de esta pausa de carne,

perforar la ventana
-como quien rompe un vicio viejo-
y dejar que se escape este abandono,

esta piel sin herida.

martes, 21 de abril de 2009

Para despertar

Arderás en la lluvia cuando el fuego la toque
y serás nuevamente de madera.

Porque en tí están los números del agua,
los relojes que salvan de su edad a los muertos.

Antes de oler la luz, has sido de metal,
de una materia cálida.

Te bastaba la piel para vivir.

Eras de las ciudades que son islas,
te bebías el mar desde los muelles.

Y ahora estás ahí,
tendido en la rutina del invierno.

Inventando el dolor en un minuto.

jueves, 6 de noviembre de 2008

No hay luz

La luz es un invento de los ojos,
la excusa de los párpados
para esconder el miedo de la noche.

Porque el dolor nocturno nos condena
a la orfandad del tiempo.

Al instante que nace de la sombra
y en la sombra pervive.

sábado, 6 de octubre de 2007

Como amo a la palabra

Amarte, como amo a la palabra
antes de que se convierta en silencio.
Quererte como se quiere a las cosas
que nos predecían sobre el destino
amargo de nuestras ciudades.
Nombrarte ante los espejos opacos
que adivinaban tu lentitud ciega.
Y seguir apoyando tu apellido
en la soledad de mi nombre.
Seguir siendo palabra
sobre las calles ensordecidas
por el ruido de un amor huérfano de vientres.
Y amarte, roto,
con esa clase de amor,
desnudo,
que se abraza a tu nombre en las cenizas
para salvarte de lo que eres:
un lugar desde el cual mirar la noche.

martes, 17 de julio de 2007

Cuando llegues

Cuando llegues, aunque parezca tarde,
te diré que eras la lluvia esperada. Supongo que hará frío
y que las monedas habrán gastado sus nombres.
Supongo que un ojo parecerá mudo
y que los mapas, abrasados, bajo agosto
helarán el rastro de abril
-todo lo que no fue posible-.
Llegarás, aunque, tal vez, sea tarde.
Tan tarde,
tan sombra y tan peligro.
Tan frágil y tan suceso,
como la proximidad de la muerte.
Llegarás.
Y tú, que pareces tan importante,
te apoyarás sobre mi nombre vano.
Y empezarás a estar.
Tan débil, tan roto, tan amarillo
como mi derrota solitaria ante los lunes.

viernes, 13 de julio de 2007

O vivir en tu vientre

Mi sofá orienta su nombre hacia Roma.
Quiere recordar sus calles
cuando te abrazo sobre los muebles viejos.
Cuado araño en ti el espejismo del dolor,
las palabras que, apenas, nombraron luz
y esa trampa seca de los raíles
que observan el recorrido del tiempo.
Yo observo la lentitud del mundo desde tu hombro.
Cuando te miro,
mis dedos ya no recorren los mapas,
se detienen, lentos, sobre la aurora.
Pudieran apagar en ti la edad.
Rescatarte de las ciudades muertas,
de esa antigüedad de árboles sin nombre
que predicamos desde la ventana.
Como si fuera posible morir
en los espejos.
O vivir en tu vientre.

sábado, 23 de junio de 2007

Nada sé

Con cambiarte de traje, te cambio también de alma.
( No adivinas mi angustia. No sé casi quién eres. )
Gabriel Celaya

Quién se esconde bajo ese rumor de noche.
Nada sé de él. Que respira.
Que sus miedos me espiaban
desde la diferencia de los días lluviosos.
Sé, a penas, lo que me enseñó su cuerpo,
su voz en los telegramas.
Nada sé de él.
Que recorre los libros y huele a mar,
a latidos rotos sobre febrero.
Sé que sus lápices pintaban veranos
en los pasillos vacíos.
Pero no entiendo su dolor urgente
ni esa rutina que le impide acercase a mí.
Nada sé de él por eso huyo de una tristeza
que ya no me inspira cafés. Ni versos.

domingo, 17 de junio de 2007

La ceguera

Te protejo del tiempo, si me dejas,
si me nombras azul en las palabras.
Ajena pero próxima a las nubes,
lamiendo los nombres en tu dolor.
Te protejo de la lluvia de marzo
y de las ciudades abortadas en el tiempo.
Te hago sombra en los círculos,
mientras mis ojos miran tu costumbre.
Pero es pequeña mi mirada. Y antigua.
No sirve para vivir.
Ni para salvar a la noche.
Es sólo una mirada de ventanas abiertas,
de tráfico pasajero.
Un ojo abrazado a la piel de los insectos
para morir.
O para definir la ceguera de los hombres.

miércoles, 13 de junio de 2007

Son sólo manos

Si mis manos fueran águilas
alimentarían tu boca hambrienta,
poblarían las islas de animales
y vencerían los años.
Pero mis manos son pequeñas,
aprisionan el vuelo de los lápices
pero cuando quieren llegar más lejos
se detiene su fuerza.
Nada esperan de las calles vacías.
Se esconden
tras las postales antiguas,
tras la letra uniforme de la infancia.
Son sólo manos que se rinden
sobre el tacto de los relojes.

De tanto mirar

De tanto mirar, rondé la ceguera.
Y la vida, esa rata con nombre de dolor,
despertó entre el apetito del tiempo.
Antes de hoy, yo ya rompía las horas.
Lo que ves es sólo un resumen gris
de los vestidos que desnudaron mis veranos.
Lo que ves no es lo que soy.
Llegué a ti desde la fatiga de los espejos,
desde el cansancio.
Desde el error de los relojes.
Desde el balcón que se asoma
sobre la pereza de los tejados.
Llegué para huir.
Y respiré azul en las azoteas
sin recordar
que, detrás de las ciudades,
aún residían los nombres sin patria.
Miré tanto que sacudí la luz
sobre la única verdad no borrada.

viernes, 8 de junio de 2007

He roto el lunes

Para que tú me vieras rompí el lunes.

Salté sobre mi sombra
para hacerle cosquillas a la noche.

Quise ser yo:
un paisaje de arena
una postal de alambre sobre el miedo.

Elegí para ti la desnudez.
No el artificio,
no las sombras,
no el misterio.

La verdad que pronuncia lo que soy.
El despojo de un gesto
que en los ojos encuentra su lenguaje.

lunes, 28 de mayo de 2007

En un año se muere muchas veces

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.

Ángel González

Las vidas se me arrugan año tras año,
de nada sirve tenderlas al sol.
Tras haberlas enjuagado, con prisas,
siguen arrugadas,
como un catálogo de viejas cartas.
Aquí está el uno de enero,
la fotografía que inmovilizó la fecha
pero ya no puedo recuperar ese instante.
Se fugó su recuerdo
tras un frío que ya no es vida.
La tristeza desarruga momentos
pero no los enmarca en el presente.
Se limita a fingir que siguen vivos
el aire,
la luz,
los países que inspiraron los labios,
las tarjetas de visita
de esas fiestas a las que nunca fui.
Yo misma me convierto en un álbum,
en una de esas cartas largas
en las que confesar
aquello que no me atreví a decir:
ha pasado un año entero y no he muerto.

domingo, 27 de mayo de 2007

Fue en marzo, tal vez

El amor era ella, la que espera impaciente,
pero tú eres la vida.

José Luis García Martín

Sobre las tardes anochecen nombres,
recordatorios de la última vez
que los ojos celebraron la pasión.
Fue en marzo, tal vez, y llovían lenguas.
Y almohadas.
Y ese miedo tan vestido de insomnio
como la sombra de algunos diciembres.
Fue en marzo,
mientras amanecían las ciudades
y el agua desnudaba su verdad más antigua.
Sucediste bajo un viento templado,
en las esquinas de las cosas,
en las veredas oscuras.
Sucediste y era marzo en las paredes,
aunque nunca espiaras la vida
ni encontraras mi nombre en tu espejo.

sábado, 26 de mayo de 2007

El amor es un monstruo

Recita ruidos detrás de las puertas
para asustar a las niñas desnudas.
Pero su nombre sólo invita al miedo.
No os asustéis de su boca de lobo feroz
porque nada significa su sonido mudo.
Se limita a copiar en su libreta
mi propio rayo de luz.
Asustan sus dientes imperfectos
o sus cambios de camisa.
Pero es sólo un hombre que pasea
sin importancia.
Un monstruo con tres ojos,
una sílaba empantanada de realidad.
El amor es un monstruo sin huellas dactilares,
por eso no está invitado a mis fiestas.
Es un intruso que nunca bebe en compañía.
Se queda sólo a las tres,
clandestino,
tan desnudo de historia,
que, cuando suena la música,
baila solo en los sótanos de mi memoria.

jueves, 24 de mayo de 2007

Nunca serán luz

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Gabriel Celaya

La luz no sabe sonreír
ni imitar las tormentas de la tarde.
Sabe agotarse en el sudor de los edificios,
enredarse en las persianas
y mancharse de grasa en los talleres.
Sabe mirar las uñas sucias
que escupen su rebeldía bajo los cartones.
De nada sirve la luz en los templos.
Se apaga su vocación de ciudad,
agoniza su hambre de calles vivas.
Su temblor enmudece en los polígonos,
en el humo de las fábricas,
en las mentiras que nos contaron.
Nunca serán luz las palabras huérfanas,
las que buscan el halago,
las que no se desnudan en el lodo.
Nunca será luz la herramienta que vence al mundo
ni esas veredas, vacías de risas,
bajo las que escondemos la verdad.

viernes, 18 de mayo de 2007

Siempre fui yo

Me quedé quieta sobre la penumbra
pero, aún detenida, en las paradas de taxis
seguía siendo yo.
En los soportales que renuncian a la lluvia,
en las farolas,
en los tejados con gatos y lunas.
Incluso en los desiertos que añoran el mar,
siempre fui yo.
Tú y yo, juntos, éramos huérfanos.
Un párpado acallando la verdad.
Juntos no éramos
y, sin embargo, yo siempre fui yo.