jueves, 23 de julio de 2009

Empatía

Empatía: capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir.
O sea, vulgarmente hablando, ponerse en el lugar de los otros, tratar de entenderlos, justificarlos, aceptarlos con sus dudas y errores, darles siempre esa última oportunidad que, sin saber muy bien por qué, tú crees que merecen.
Esto que puede sonar tan hermoso llega a ser un defecto sobre todo cuando descubres que la mayoría de la gente no es empática y que tu exceso de empatía te lleva a comprender lo incomprensible y a aceptar lo inaceptable.
En fin, que se trata, según parece, de que cada uno mire su propio ombligo... pues olé, nunca es tarde para aprender.
Propósito uno: no volver a darle oportunidades a quienes sabes que no se las merecen. Propósito número dos: fomentar la sordera y, nunca jamás, hacer el más mínimo esfuerzo por intentar comprender y aceptar.
Naces solo, mueres solo, y, entre medias, encuentras gente, la mayoría de paso, pocos son ese tesoro que uno lamenta perder. Por eso el instinto de supervivencia acaba exigiéndonos la selección y, cuando es necesario, el olvido.

8 comentarios:

Abril dijo...

completamente empàtica contigo y tus propòsitos, Carmen


un abrazo

★. pacokafka dijo...

Pues si, la vida es demasiado corta como para perder mucho el tiempo.
Yo también practico bastante el olvido, e incluso el vómito voluntario cuando algo me da mucha lata. Después se queda uno como nuevo.

Me gusta mucho fortalecer mi relación conmigo mismo porque no me cabe duda de que soy el único que voy a seguir siempre a mi lado, que nunca me va a olvidar y con el que siempre voy a poder contar, jeje.

Saludos desde la taberna.

Carmen dijo...

Hola Abril, bueno, si de verdad eres empática por mucho que te enfades (a mí me sucede mucho lo de enfadarme, digo) luego se pasa... Yo creo que no tiene demasiado remedio porque si no lo eres acabas sintiéndote mal contigo misma. Así que ni me hagas caso.

Un beso,

Carmen

Miguel Iñiguez dijo...

Pues yo, la verdad, no sé que decirte. Lo que dices escuece y mucho. Saber de las veces en que yo he recomendado mandar a paseo a mis semejantes. Yo, que puedo parecer ser algo que no soy. Nadie lo es. Podría decir que no distingo caracteres, sino circunstancias y eso es bastante común en los días que nos toca vivir. Difícil desprenderse del querer rozar siquiera a las personas cuando podemos hacerlo. Pienso que nos toca vivir con eso y lo que expresas bajo mi punto de vista es que me río de mi mismo cuando quiero ser coherente y coherente y coherente…¡leches! Lo que hay es un cuerpo a cuerpo.

No sé, pasar por aquí y leerte, a todos, creo que a todos nos agrandas, nos has regalado algo y es mirarnos en esta noche de verano, una noche que escupe mucho calor, algo que no debemos, no debemos, al menos yo, olvidar. Recordarnos la impotencia…y muchas, muchas más cosas.

…a lo dicho Carmen, aquí se trata de iluminar con un buen refresco a tiempo, y que cada un elija con qué curarlo, refrescarlo.

Un besote

Ana Clavero dijo...

Al final lo único que de verdad merece la pena, es ese puñado de gente que uno lamenta perder.

Por qué será que no me creo eso de que vayas a aprender a mirarte el ombligo, ni tampoco me creo que vayas a cumplir ninguno de esos propósitos. Algunos nacemos, cómo te lo diría yo para no ser demasiado bruta?, tontos del culo( lo siento es que yo además de tonta del culo soy brutilla de nacimiento) y eso no tiene mucho remedio.

Diviértete y goza, que diría la admirada Celia, todo lo que puedas.

Besazos.

Carmen dijo...

Fomentar la relación con uno mismo es estupendo... lo malo, como dice Ana, es que para eso hay que valer o no, tal vez pueda aprenderse, como casi todo...

Saludos también para ti hasta tu taberna.

Carmen dijo...

Hola Miguel,

No te preocupes, creo que no soy de esos que pasan de la gente ni aunque me empeñe en hacerlo... ahora eso sí, cuando PASO, o sea, cuando decido que alguien es de verdad perjudicial para mi vida, no hay vuelta atrás...

Besotes desde otra noche calurosa,

Carmen

Carmen dijo...

Bueno, Ana, tú me conoces, jajaja... ya sabes de mis furias pasajeras...

Besotes desde tu sur,

Carmen