sábado, 20 de marzo de 2010

Irrealidades

Han venido los ángeles a definir la luz,
a anunciarme el consuelo de las plazas,
de los naranjos, de los niños,
a venderme países y pulseras.

Dicen que hay parques en las llagas,
pájaros de cristal en los balcones,
que nadie es libre sin un perro.Y que en cualquier rincón los hombres hacen nidos
y duermen y trabajan y se esconden

y trituran el pan con sus muelas postizas.

Han venido a ofrecerme las ventanas,
a tatuarme una cruz sobre la nuca,
a redimir mis huesos.

Pero en su boca el mar es de granito,
una verdad de pozos y muñones.

12 comentarios:

Desconcierto dijo...

No me fiaría mucho de los ángeles...

gracias por el poema, justo ahora que parece que los ángeles se han acercado a mi...

un besazo carmen

Carmen dijo...

Se han acercado? Pues cuidado, Antonio... No te fíes de golpe, je, dale tiempo al tiempo...

Beso para ti.

Marian Raméntol Serratosa dijo...

Impresionante como siempre, Carmen.

Un besazo
Marian

Carmen dijo...

Un besazo para ti, Marian. Gracias por venir.

Bletisa dijo...

Que bonito Carmen y sobre todo la primera estrofa. Es una pena que el final no sea feliz como en los cuentos de hadas.

Carmen dijo...

Tienes razón, Amparo, lástima... a ver si un día de estos sale un final feliz de cuento de hadas...

Besooooo

Soledad Sánchez M. dijo...

Un magnífico poema... que afortunadamente no se hace pétreo en nuestra boca.

Un beso.

S.

Carmen dijo...

Gracias, Soledad. Me alegra si te gustó.

Un beso.

Guisela Vargas dijo...

muy bueno, me ha dado mucho gusto pasar por aca, saludos desde costa rica, y una invitacion a pasar por mi blog, lapuntadelicebergcr.blogspot.com

Carmen dijo...

Gracias, Guisela, por pasar y leer. Tomo nota de tu blog.

Un saludo.

ciento15 dijo...

Espero no tomes a mal la adjetivación. Simpre pensé que si alguno de mis poemas producía en alguien, tal estallido de sensaciones, tal simbiosis con su alma, tal efecto, que el lector no tuviera más que estremecerse y lanzar un imporperio para expresar el impacto, estaría frente al apogeo de mi yo poeta, una suerte de misión cumplida, de flecha impactando en el centro. Leyéndote no me queda otra, y no te pido disculpas: ¡la madre que te parió! me dejás recogiendome del piso, chorreando de la silla, lamiendo la luz que entra por la ventana, en cada verso.

Carmen dijo...

Creo que no eres andaluz, ciento, pero, jeje, lo pareces... por lo exagerado, digo... De todas formas, gracias, si provocó algo en ti la misión del poema está más que cumplida...

Abrazo.