domingo, 10 de octubre de 2010

De "Usted", 1984


Hoy era la última tarde...
Hoy era la última tarde.
Usted no paraba de hablar
-lo hubiese matado-
y a mí me ardían las uñas cuando nos despedimos
en la parada del autobús.
Ni un sólo beso.

Señor, las horas desnudas...

Señor,
las horas desnudas,
como limones al trasluz,
se exprimen en mi muñeca
de una manera desesperadamente cobarde:
estoy, para variar y por no quedarme en casa,
con alguien que me aburre los besos.

Señor, hoy me han preguntado
Señor,
hoy me han preguntado
por qué llevaba tanta prisa,
y acordándome de lo de anoche
en el coche
–salvo de la cremallera problemática,
la mota en la lentilla,
los guardias al lado,
el frío...–
estuve a punto de decir
que un sueño muy alto muy alto
y algo gordito
había quedado con mi boca a las dos.

Usted se inmiscuye en mi bufanda...
Usted se inmiscuye en mi bufanda
desde una aurea blanquísima que me reverbera los labios.

No me muevo,
no fumo -quizá a su silencio le moleste esa arruga en la nieve-;
y sólo cuando marcha me doy cuenta
de que he estado aguantándome el pis todo el rato.

Qué hago yo aquí...
Qué hago yo aquí medio borracha
escuchando a este cretino
que sólo sabe hablarme de la mili,
mientras me tapa baboso la calle y la vida
con su espalda.
Y encima estoy sin tabaco.
(Menos mal que desconecto en seguida
pensando en ese géiser de besos
que le provocaré a usted, sin duda,
cuando su camisa se digne o se resigne
a dejarse desabrochar por mi mano.)

Señor, ahora que mi piel y la suya...
Señor,
ahora que mi piel y la suya
-después de las sábanas-
han formado un nuevo «collage» en el agua,
no es el mejor momento para hablarle,
desde luego,
pero aprovechando que estoy arriba
y usted debajo,
quisiera decirle
-casi no me atrevo con sus ojos-
que no puedo más,
que voy a pararme.

-Era el placer como una de esas muñecas rusas que se abren
y aparece otra,
y otra...-


Usted se ha ido...
Usted se ha ido. Pero tampoco conviene dramatizar
las cosas.

Cuando salgo a la calle,
aún me quedan muchas tapas risueñas en el tacón,
y mis medias de malla consiguen reducir la cintura
de la tristeza
si su ausencia va silenciándome en una resaca
de escarcha.

O sea, que no estoy tan mal.
Porque yo podré ser de vez en cuando un eclipse. Pero
nunca
un eclipse sin sangre de luz.

16 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

Tengo el libro y lo leí hace muchos años. Lo he ido dejando para que lo lean amigos y es de los que he tenido que recordar que se me devuelva. Esta entrada me ha hecho recordar muchas cosas.
Un abrazo.

Carmen dijo...

Jo, pues yo no lo tengo, en papel, quiero decir, me lo descargué hace tiempo y casi me lo sé de memoria pero, obvio que no es lo mismo y menos para mí que los libros como objeto son un fetiche. Es delicioso, la verdad... En este país se vende tan poca poesía que lo he buscado y no he sido capaz de encontrarlo.. En fin... Me alegran esos recuerdo, José Antonio. Yo también los quería compartir. Todas podríamos escribir ese"Usted" de vez en cuando.

Un beso.

Enfero Carulo dijo...

Mamen, qué bien.
Las mañanas del domingo son esenciales para estos quehaceres de buscarse y descubrir que efectivamente, existe una conexión y una complicidad.
Los poemas son a menudo revelaciones dichas con la maestría de la belleza esencial.
Quisiera saber el por qué de cada hora, de cada idea y de cada entendimiento. Por qué nos cuesta tanto acarrear nuestra cultura, con sus lastres hediondos que surcan la conciencia. Y sin embargo, otras personas aparentemente y como la existencia, pisan veraces la tierra.
Estás como están los pájaros, ahí blandiendo tus poemas y los de otros, para que quien los necesite los tenga sin más. Eres la generosidad y el paso, la vía de fluidez. Qué bien.
Pues me quedo rumiando a Almudena... ¿fue a ti a quien leí reflexionando acerca de que cada vez te gustaban más los poemas femeninos? A mi me ocurre un poco parecido...

Un beso en color siena, con el otoño

Carmen dijo...

Para eso son las mañanas del domingo, Alicia, qué mejor que eso? Yo que no creo en los flechazos amorosos sí creo, sin embargo, en los otros, en la conexión por afinidad y en que, a dios gracias, existe alguien al otro lado que "sabe entender"... Contigo pasó desde el principio... o eso creo. Y sí, fui yo, o al menos yo siempre lo digo y lo diré: en poesía mis Ellas.
Un beso a ti y a tus fotos porque supiste retratar el alma de Lisboa, ciudad que amo, aunque no te lo dijera, porque me pudo más la gracia de "la coincidencia".

Valentin dijo...

Me gusta más Carmen Iglesia. Qué quieres, a ver.

eduardo dijo...

Carmela, no conocía el libro, y suscribo lo que dices sobre la conexión por afinidad y en que, a dios gracias, existe alguien al otro lado que "sabe entender". No creo que te haga falta escribir ese "usted"

Carmen dijo...

Jeje... parece que la tecnología te dejó, al fin, entrar "en mi casa"... Qué alegría que también estés por aquí.. Y, bueno, envidio la ironía de Almudena, yo me pongo mucho más trágica cuando invento versos y total para qué... Te quedarás, verdad?

Carmen dijo...

Pues el libro es delicioso, fue finalista del Hiperión de Poesía en 1986 y llevo tiempo y tiempo buscándolo sin ningún éxito... La afinidad hay que cultivarla para que no se muera, como todo... "Usted" creo que me ve más bien tuteando...

Valentin dijo...

Almudena es una gran poeta, así de claro. No la conocía, gracias por acercármela. Tiene ese punto de distancia e intimismo tan difícil de conseguir, su poesía no quema pero calienta lo suficiente, es un hogar amable, apetitosa como un mojito de esos que a ti tanto te gustan. Es una poesía que pone.
Lo que pasa es que Carmen es "mi poeta".
Yo me quedaré en tu casa hasta que te canses de mí y me eches.

eduardo dijo...

Me quedaré, Carmela. Tu casa parece muy hospitalaria y cómoda

Carmen dijo...

Valentín, ya sabes lo importante que es para mí tenerte cerca... Me alegra que te gustara, Almudena. Un beso hasta mi casa, que te imagino aún por esas calles mías, je, esas de cuando las trenzas.

Un beso.

Carmen dijo...

Eso pretendo, abogado, que sea cómoda. Gracias por volver.

Desconcierto dijo...

me han gustado Carmen, gracias por compartirlos...
historias muy cercanas, directas...

un beso

Carmen dijo...

Sí, eso es lo que me gusta a mí también, cercana, directa...en singular, je, porque es uno de esos pocos libros de poesía que cuenta una "uníca" historia...

Gracias por seguir, Antonio.

Beso.

Just dijo...

A ella sí ya la conocía Carmen. Y encontrarmela aquí me ha hecho sonreír de nuevo. A mi me resulta una poesía muy inteligente, maliciosa ja ja ja. Me gusta.

Abrazos de lunes

Carmen dijo...

Pienso lo mismo, Just, que es irónica, un poco "mala", jajaja, y con muchísima chispa... Me alegra un montón cada vez que vienes.

Un beso, Just.