Me gustan los gatos y me gustan más que los perros. Y por varias razones.
Si llevas un gato a tu casa y en tu casa conviven varias personas va a ser él quién elija a su dueño y, una vez elegido, su dueño es su dueño para siempre. Rara vez aceptarán una caricia, un mimo o un soborno de quien él no quiera recibirlos.
Son incorruptibles, incomprables, y eso, para mí, sí que es fidelidad.
Te quieren mucho pero si te vas un tiempo pueden apañárselas solos. Te van a echar de menos pero te dejan ir. Y no se me ocurre nada más parecido a la generosidad.Si llevas un gato a tu casa y en tu casa conviven varias personas va a ser él quién elija a su dueño y, una vez elegido, su dueño es su dueño para siempre. Rara vez aceptarán una caricia, un mimo o un soborno de quien él no quiera recibirlos.
Son incorruptibles, incomprables, y eso, para mí, sí que es fidelidad.
Y, por si todo eso fuera poco, ellos también necesitan su espacio, su independencia, su lugar único. Respiran y te dejan respirar.
Y todo esto para decir que sigo echando mucho de menos a Tina, tal vez porque ahora ya nadie me araña los sillones.






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