He decidido tatuarme la sombra de Peter Pam cuando vuelva de las vacaciones, así les doy definitivamente la razón a todos aquellos y aquellas que en su día me acusaron (y me acusan) de tener ese síndrome. Efectivamente, me niego a crecer con todo lo que significa.
jueves, 30 de julio de 2009
domingo, 26 de julio de 2009
Olvidados
Porque no tienes nombre
piensan que es fácil ignorarte,
enterrar tu presente
o tapiarte la boca con el ruido.
Procedes de un lugar cubierto de cerrojos,
de una historia sin vida.
Si te quedas aquí, verás que existen magos,
aprendices de lunas;
hombres que se bautizan después de cada sueño,
seres a los que el tiempo no envejece:
viajeros de la luz.
Tampoco tienen nombre;
nacieron sin la cuerda en la garganta.
Como tú libres
y, como tú, olvidados.
piensan que es fácil ignorarte,
enterrar tu presente
o tapiarte la boca con el ruido.
Procedes de un lugar cubierto de cerrojos,
de una historia sin vida.
Si te quedas aquí, verás que existen magos,
aprendices de lunas;
hombres que se bautizan después de cada sueño,
seres a los que el tiempo no envejece:
viajeros de la luz.
Tampoco tienen nombre;
nacieron sin la cuerda en la garganta.
Como tú libres
y, como tú, olvidados.
jueves, 23 de julio de 2009
Empatía
Empatía: capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que un individuo diferente puede sentir.
O sea, vulgarmente hablando, ponerse en el lugar de los otros, tratar de entenderlos, justificarlos, aceptarlos con sus dudas y errores, darles siempre esa última oportunidad que, sin saber muy bien por qué, tú crees que merecen.
Esto que puede sonar tan hermoso llega a ser un defecto sobre todo cuando descubres que la mayoría de la gente no es empática y que tu exceso de empatía te lleva a comprender lo incomprensible y a aceptar lo inaceptable.
En fin, que se trata, según parece, de que cada uno mire su propio ombligo... pues olé, nunca es tarde para aprender.
Propósito uno: no volver a darle oportunidades a quienes sabes que no se las merecen. Propósito número dos: fomentar la sordera y, nunca jamás, hacer el más mínimo esfuerzo por intentar comprender y aceptar.
Naces solo, mueres solo, y, entre medias, encuentras gente, la mayoría de paso, pocos son ese tesoro que uno lamenta perder. Por eso el instinto de supervivencia acaba exigiéndonos la selección y, cuando es necesario, el olvido.
O sea, vulgarmente hablando, ponerse en el lugar de los otros, tratar de entenderlos, justificarlos, aceptarlos con sus dudas y errores, darles siempre esa última oportunidad que, sin saber muy bien por qué, tú crees que merecen.
Esto que puede sonar tan hermoso llega a ser un defecto sobre todo cuando descubres que la mayoría de la gente no es empática y que tu exceso de empatía te lleva a comprender lo incomprensible y a aceptar lo inaceptable.
En fin, que se trata, según parece, de que cada uno mire su propio ombligo... pues olé, nunca es tarde para aprender.
Propósito uno: no volver a darle oportunidades a quienes sabes que no se las merecen. Propósito número dos: fomentar la sordera y, nunca jamás, hacer el más mínimo esfuerzo por intentar comprender y aceptar.
Naces solo, mueres solo, y, entre medias, encuentras gente, la mayoría de paso, pocos son ese tesoro que uno lamenta perder. Por eso el instinto de supervivencia acaba exigiéndonos la selección y, cuando es necesario, el olvido.
sábado, 18 de julio de 2009
Tu rostro mañana (intérpretes de vida)
Estoy leyendo la trilogía Tu rostro Mañana de Javier Marías y me tiene totalmente entregada. Prácticamente sólo leo de noche y en la cama y, aunque soy bastante noctámbula, hace días que anticipo la hora de acostarme. La historia me reclama como un imán.
El inicio de la primera parte que se titula, Fiebre y Lanza, no se me hizo fácil. Javier Marías no es una lectura que resulte sencillo abordar. Para empezar, a penas utiliza los diálogos y, cuando lo hace, son más bien monólogos, interminables divagaciones sobre un mismo tema que podrían llegar a cansar si no fuera porque los temas que aborda son, para mí, apasionantes. No se me ocurre nada más interesante que hacer en la vida que lo que hace el protagonista de la historia: interpretar vidas, adivinar, gracias a un don especial, lo que cada uno de nosotros, de ellos, seríamos capaces de llegar a hacer en situaciones límites. Ser capaz de ver lo que ocultamos, lo que ni siquiera a nosotros mismos nos es dado saber.
El inicio de la primera parte que se titula, Fiebre y Lanza, no se me hizo fácil. Javier Marías no es una lectura que resulte sencillo abordar. Para empezar, a penas utiliza los diálogos y, cuando lo hace, son más bien monólogos, interminables divagaciones sobre un mismo tema que podrían llegar a cansar si no fuera porque los temas que aborda son, para mí, apasionantes. No se me ocurre nada más interesante que hacer en la vida que lo que hace el protagonista de la historia: interpretar vidas, adivinar, gracias a un don especial, lo que cada uno de nosotros, de ellos, seríamos capaces de llegar a hacer en situaciones límites. Ser capaz de ver lo que ocultamos, lo que ni siquiera a nosotros mismos nos es dado saber.
Efímero
Haces bien en creer en la ceguera
porque es falsa esa llama que se prende en la noche.
La alimenta una sombra sin perfil,
la apaga la saliva;
un simple soplo borra su reflejo.
porque es falsa esa llama que se prende en la noche.
La alimenta una sombra sin perfil,
la apaga la saliva;
un simple soplo borra su reflejo.
viernes, 10 de julio de 2009
Un silencio
Rozo la palma de tu mano
y en el centro hallo el hueco de un dolor
que no me pertenece;
una línea de sal que es ilegible,
un mapa que la piel no desordena.
Apenas si te encuentro en el enigma,
permaneces inmóvil,
velado como un sobre sin abrir.
Misterioso y distante,
oculto en la lectura del silencio.
Nunca hablas:
afirmas que la voz es de los débiles.
y en el centro hallo el hueco de un dolor
que no me pertenece;
una línea de sal que es ilegible,
un mapa que la piel no desordena.
Apenas si te encuentro en el enigma,
permaneces inmóvil,
velado como un sobre sin abrir.
Misterioso y distante,
oculto en la lectura del silencio.
Nunca hablas:
afirmas que la voz es de los débiles.
lunes, 6 de julio de 2009
Grises
Sin un trozo de lluvia que llevarse a la boca,
seco como el portal de aquella plaza,
sin cocer, como el pan que nos comemos y nos sabe a rincones.
Ambiguo y sin sentido,
así es el trazo de las cosas grises;
sin duende,
sin el olor que anuncian las tormentas,
negro como el final de una película.
Sin magia y sin asombro,
como esta larga noche que trepa por mi vientre
y se bebe la luz de un nombre extraño.
seco como el portal de aquella plaza,
sin cocer, como el pan que nos comemos y nos sabe a rincones.
Ambiguo y sin sentido,
así es el trazo de las cosas grises;
sin duende,
sin el olor que anuncian las tormentas,
negro como el final de una película.
Sin magia y sin asombro,
como esta larga noche que trepa por mi vientre
y se bebe la luz de un nombre extraño.
domingo, 28 de junio de 2009
Echar de menos
Hoy echo de menos tremendamente lo que fue... Echar de menos... echar de más. De más también echo. Lo malo, lo terrible, es que las cosas que importan se devalúan como si fueran aire y las tapamos con cromos mal interpretados, apenas dibujados, de colores sucios, somos mentirosos por naturaleza, hasta al aire le mentimos. Qué puedo echar de menos yo?. Cuando jugábamos al tiempo en aquella Plaza de las Monjas y luego me llamabas porque un chico rubio (muy guapo, por cierto) te daba besos con lengua y no te gustaba nada. Y entonces a mí me entraban ganas de dar besos con lengua para poder opinar y opinaba lo mismo que tú, que no me gustaban nada, porque se los daba a quien no debía. Siempre las prisas.
Y luego ese fin de semana al final del todo, cuando ya había nacido alguien de tu vientre y éramos adultas y, teóricamente sabias y, sin embargo, nadie nos había preparado para eso: despedirnos antes de tiempo. Y esa fiesta en la terraza. Y las fotos (siempre salgo con una cerveza en la mano, no sé cuántas me bebí, como si no quisiera saber a qué había ido,)y ese bar de Zurich y todas las cachimbas que me fumé después de ir a la farmacia y comprarme un montón de ibuprofenos para paliar el dolor de espalda, ese dolor imposible de curar que provoca el miedo.
Y después, pues sigues para adelante, con una cicatriz de esas que te vuelven el rostro adulto. Y echas de menos tanto que el resto se vuelve inmaterial y hasta absurdo. Leve. Hasta que llega una noche como ésta y el dolor se desparrama y detrás del teléfono no está tu voz para oír todas las tonterías que alguien es capaz de contar. Y, de repente, lloras por todo lo que se te ha quedado en las tripas sin digerir. LLoras hasta entender que esto último que te sucede es una idiotez. Y luego te duermes tranquila. Poniendo cada cosa en su sitio. Intentando saber quién eres. Olvidando sucesos y gente que apenas importan.
Y luego ese fin de semana al final del todo, cuando ya había nacido alguien de tu vientre y éramos adultas y, teóricamente sabias y, sin embargo, nadie nos había preparado para eso: despedirnos antes de tiempo. Y esa fiesta en la terraza. Y las fotos (siempre salgo con una cerveza en la mano, no sé cuántas me bebí, como si no quisiera saber a qué había ido,)y ese bar de Zurich y todas las cachimbas que me fumé después de ir a la farmacia y comprarme un montón de ibuprofenos para paliar el dolor de espalda, ese dolor imposible de curar que provoca el miedo.
Y después, pues sigues para adelante, con una cicatriz de esas que te vuelven el rostro adulto. Y echas de menos tanto que el resto se vuelve inmaterial y hasta absurdo. Leve. Hasta que llega una noche como ésta y el dolor se desparrama y detrás del teléfono no está tu voz para oír todas las tonterías que alguien es capaz de contar. Y, de repente, lloras por todo lo que se te ha quedado en las tripas sin digerir. LLoras hasta entender que esto último que te sucede es una idiotez. Y luego te duermes tranquila. Poniendo cada cosa en su sitio. Intentando saber quién eres. Olvidando sucesos y gente que apenas importan.
domingo, 21 de junio de 2009
A los que nunca duermen
Te has dormido tan pronto,
tan desnudo de cieno
que eres barro nocturno, manos sin moldear.
Un ojo que transita por los charcos
buscando peces vivos en su fondo.
Mientras duermes, la prisa se hace espesa,
morada de cemento, espejismo de sal;
la urgencia se detiene en tus pupilas.
Le has regalado al atlas una sombra de luz,
un pozo de pereza que vuelve lento al mundo.
Buscas lo que te asombra y lo secuestras:
en tu cama se duermen los países,
los faros, los tranvías,
controlas las mareas desde el sueño.
Mientras otros se ocultan bajo un párpado,
en tí se hace verdad la inmensa noche.
tan desnudo de cieno
que eres barro nocturno, manos sin moldear.
Un ojo que transita por los charcos
buscando peces vivos en su fondo.
Mientras duermes, la prisa se hace espesa,
morada de cemento, espejismo de sal;
la urgencia se detiene en tus pupilas.
Le has regalado al atlas una sombra de luz,
un pozo de pereza que vuelve lento al mundo.
Buscas lo que te asombra y lo secuestras:
en tu cama se duermen los países,
los faros, los tranvías,
controlas las mareas desde el sueño.
Mientras otros se ocultan bajo un párpado,
en tí se hace verdad la inmensa noche.
martes, 16 de junio de 2009
La casa de noche
No te duermas temprano,
hazle sitio al recuerdo
y deja que el desvelo te sostenga.
Que se extienda la sombra en la ventana.
Que se pinten nocturnas las paredes.
Manten las luces encendidas
y convierte la noche en un refugio.
Porque la casa inventa su lenguaje,
un código de humilde soledad.
Son letras que se escriben desde un hogar vacío,
son, apenas, un hueco que se suicida a oscuras.
Un reloj que seduce a la impaciencia
y traza en el espacio el desorden del tiempo.
hazle sitio al recuerdo
y deja que el desvelo te sostenga.
Que se extienda la sombra en la ventana.
Que se pinten nocturnas las paredes.
Manten las luces encendidas
y convierte la noche en un refugio.
Porque la casa inventa su lenguaje,
un código de humilde soledad.
Son letras que se escriben desde un hogar vacío,
son, apenas, un hueco que se suicida a oscuras.
Un reloj que seduce a la impaciencia
y traza en el espacio el desorden del tiempo.
sábado, 13 de junio de 2009
Me amas
Arden trozos de sol en la cocina
mientras, fuera los mapas nos persiguen
con un gesto de luz que es innombrable.
Me amas tan desnudo como el tiempo,
dormido como el barro,
hambriento como un pez sin recorrido.
Me amas.
Y en dos palabras cabe todo el mundo.
mientras, fuera los mapas nos persiguen
con un gesto de luz que es innombrable.
Me amas tan desnudo como el tiempo,
dormido como el barro,
hambriento como un pez sin recorrido.
Me amas.
Y en dos palabras cabe todo el mundo.
miércoles, 10 de junio de 2009
Al cabo
Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.
jueves, 4 de junio de 2009
Cuentos
A Ana, por quererme. Y por quererla. .
Cuando esperamos somos de mentira,
como los cuentos
de príncipes y ranas.
Nadie besa a los sapos,
nadie se bebe la saliva de otros,
nadie cree en la muerte
sobre todo si ocurre muy despacio.
De puntillas,
armada de dolor, indeclinable,
infinita y rendida.
Inteligente y generosa,
como tú que no tienes ningún nombre
y, sin embargo, vives,
Quién quiere los diamantes.
si sólo existen desde lejos,
si no se quedan en la piel.
Si nadie los recuerda cuando marchan.
Quién quiere la impostura del color.
Qué gran rollo, mi vida,
es este mundo tan tremendo.
Cuando esperamos somos de mentira,
como los cuentos
de príncipes y ranas.
Nadie besa a los sapos,
nadie se bebe la saliva de otros,
nadie cree en la muerte
sobre todo si ocurre muy despacio.
De puntillas,
armada de dolor, indeclinable,
infinita y rendida.
Inteligente y generosa,
como tú que no tienes ningún nombre
y, sin embargo, vives,
Quién quiere los diamantes.
si sólo existen desde lejos,
si no se quedan en la piel.
Si nadie los recuerda cuando marchan.
Quién quiere la impostura del color.
Qué gran rollo, mi vida,
es este mundo tan tremendo.
miércoles, 3 de junio de 2009
Personajes
Es obvio que leo demasiadas novelas y que las novelas no se parecen casi nunca a la vida real. También empieza a resultarme obvio que, en el fondo, siempre he esperado que mi propia vida se convierta en una novela. Y de tanto desearlo casi, casi lo he conseguido. Una de esas novelas con finales abiertos, una novela épica integrada por cientos de personajes de los cuales sólo unos pocos, esos que se repiten página tras página, son importantes. Otros, la mayoría, protagonizando tan sólo un capítulo, más largo o más breve, eso da casi igual, pero un único capítulo.
Tal vez debería bastarme con los que ya están y siempre van a estar, con esos pocos de los que no puedo prescindir. Pero qué sería de esta novela si me conformo con repetir día tras día el mismo monólogo, la misma plácida historia... Me ahogaría, no podría subsistir. Y todo lo que hasta ahora he aprendido se volvería blanco.
Como dice Charles Baxter, las historias felices no interesan, ni siquiera son historias.
Tal vez debería bastarme con los que ya están y siempre van a estar, con esos pocos de los que no puedo prescindir. Pero qué sería de esta novela si me conformo con repetir día tras día el mismo monólogo, la misma plácida historia... Me ahogaría, no podría subsistir. Y todo lo que hasta ahora he aprendido se volvería blanco.
Como dice Charles Baxter, las historias felices no interesan, ni siquiera son historias.
lunes, 1 de junio de 2009
Agua
Rocé la piel de un hombre que no tenía edad. No puedo asesinar a quienes ya están muertos. No tengo ganas de esperar el humo. Me gusta que las sombras se parezcan a las sábanas blancas. Me gusta ser de todos y no ser. Me gusta que si el agua se siente fuente corra. Y se pierda en el mar. Lejos de mí.
sábado, 23 de mayo de 2009
MIRANDO GERANIOS EN VENTANAS QUE NO HABÍAN
"mirando geranios en ventanas que no habían"
Mario Marqués
Se sorprende el furtivo al escuchar: mientes.
Quizá porque se lo dice la chica que cruzó hacia la lluvia
(naufragio era su voz, y te llamaba),
cuando la noche olía a derrota,
retornaban de nuevo las cigüeñas
y los aleros se cubrían de nieve blanca y gris;
la que recuerda que no había lanzado
-todavía- una moneda a la Fontana di Trevi
y no le dolía el dolor,
ni el amor
ni las rodillas de rezar en Saint Sulpice,
ni en remolinos sobre cualquier espejo
imaginaba un desayuno con diamantes,
porque aún buscaba geranios en ventanas que no habían,
y no quería, como quiere hoy,
volver a aquello que vale poco o nada: volver
(¡qué difícil oficio el de ser luz!).
Volver. Con la tarde deshecha a la espalda
y los cabellos teñidos de vientos azul Sena,
a su niñez de azúcar y de nueces.
Cosas raras en el estómago
No sé que tengo, como una cosa triste y rara agarradita a la boca del estómago. Y lo peor es que no sé los motivos. Además, no puedo escribir. Cuando me siento así, no me sale ni un solo verso. La mayoría de la gente cree que cuando peor se siente uno mejor se escribe. En mi caso, desde luego, no es así.
Cuando me siento mal lo que más me apetece es el silencio. El silencio y las historias de los demás. Leer y leer. Pero narrativa, ficción, cuánto más ficción mejor.
Por eso debe ser que rara vez leo a novelistas españoles. Nunca no pero rara vez. No a todos, claro, pero a la mayoría los encuentro demasiado planos, entendiendo por planos "próximos".
Por eso debe ser también que, aunque lo he hecho, no me atrae en exceso la idea de viajar por Europa. No quiero más de lo mismo. Quiero sentirme durante tres días, una semana, un mes otra persona. Fabricar la ilusión de otra vida. Que ocurran cosas diferentes que me cuenten cosas diferentes.
Hay libros que me han ayudado a curarme y lugares a los que me escapo cuando puedo porque los necesito para vivir.
Cuando me ocurrió lo del ERE cogí el coche y me fui dos semanas a Marruecos, a la aventura, sin planes fijos, sin mucho dinero... Cambiábamos de ciudad o pueblo cada dos o tres días, hostales cutres, maleta va maleta viene, litros de té y, sin embargo, yo que hace ya mucho que tengo asumido el insomnio, dormí como un tronco desde el primer día. Una noche fueron diez horas del tirón. Y ni una sola pesadilla. Allí me terminé, además, el libro de Le Clezió, La Cuarentena (una novela de viajes y aventuras ambientada a finales del siglo XIX, justo lo que me hacía falta).
Cuando tengo días, o etapas, o rachas tontas no me sirve, como tal vez les suceda a otros, refugiarme en lo conocido. Lo mío, creo, es siempre una huida hacia delante. Por eso no creo en las segundas partes de las historias de amor ni en las segundas partes de las historias de amistad rotas. Por eso no me arrepiento de casi nada de lo que hago pero no repito jamás lo que no me gusta.
No sé, esta cosa rara en la boca del estómago tal vez sea un aviso o, simplemente, impaciencia o la intuición de que tengo que provocar que suceda algo nuevo YA. Lo que más deseo es que, por favor, esa sensación se largue y me da miedo que no se vaya si me limito a quedarme quieta y esperar que suceda.
Cuando me siento mal lo que más me apetece es el silencio. El silencio y las historias de los demás. Leer y leer. Pero narrativa, ficción, cuánto más ficción mejor.
Por eso debe ser que rara vez leo a novelistas españoles. Nunca no pero rara vez. No a todos, claro, pero a la mayoría los encuentro demasiado planos, entendiendo por planos "próximos".
Por eso debe ser también que, aunque lo he hecho, no me atrae en exceso la idea de viajar por Europa. No quiero más de lo mismo. Quiero sentirme durante tres días, una semana, un mes otra persona. Fabricar la ilusión de otra vida. Que ocurran cosas diferentes que me cuenten cosas diferentes.
Hay libros que me han ayudado a curarme y lugares a los que me escapo cuando puedo porque los necesito para vivir.
Cuando me ocurrió lo del ERE cogí el coche y me fui dos semanas a Marruecos, a la aventura, sin planes fijos, sin mucho dinero... Cambiábamos de ciudad o pueblo cada dos o tres días, hostales cutres, maleta va maleta viene, litros de té y, sin embargo, yo que hace ya mucho que tengo asumido el insomnio, dormí como un tronco desde el primer día. Una noche fueron diez horas del tirón. Y ni una sola pesadilla. Allí me terminé, además, el libro de Le Clezió, La Cuarentena (una novela de viajes y aventuras ambientada a finales del siglo XIX, justo lo que me hacía falta).
Cuando tengo días, o etapas, o rachas tontas no me sirve, como tal vez les suceda a otros, refugiarme en lo conocido. Lo mío, creo, es siempre una huida hacia delante. Por eso no creo en las segundas partes de las historias de amor ni en las segundas partes de las historias de amistad rotas. Por eso no me arrepiento de casi nada de lo que hago pero no repito jamás lo que no me gusta.
No sé, esta cosa rara en la boca del estómago tal vez sea un aviso o, simplemente, impaciencia o la intuición de que tengo que provocar que suceda algo nuevo YA. Lo que más deseo es que, por favor, esa sensación se largue y me da miedo que no se vaya si me limito a quedarme quieta y esperar que suceda.
viernes, 22 de mayo de 2009
Toca descansar
Hoy fui a comer con las chicas otra vez.
La verdad es que cada vez me cuesta más aparecer por allí (allí es por las cercanías de mi ex trabajo).
De repente ha empezado a olerme a rancio.
No se debe volver a los sitios donde uno lo ha pasado mal. Porque quedarse sin trabajo, en mi caso, ha sido un mal menor (a ratos casi un regalo).
Lo realmente terrible ha sido lo vivido "antes de".
Y, al final, los que están dentro siguen metidos en un círculo que ya no es el tuyo y del que por salud mental deberías alejarte lo más posible.
El simple hecho de oír pronunciar algunos nombres (y siempre se pronuncian)consigue ponerme nerviosa para varios días.
Llevo dos meses y pico sin trabajar y todavía no ha habido una sola semana en la que no haya tenido una pesadilla relacionada con lo que viví.
Ocho años al lado de un psicópata son muchos años, suman muchos días, muchas horas y un desgaste emocional tremendo si eres medianamente sensible.
Digamos que no es lo mismo perder un trabajo de un año que perder un trabajo de quince, toda tu vida laboral y gran parte de tu vida afectiva.
Y lo peor es que te obliguen a desearlo. Que te veas empujada a tomar la decisión de irte porque lo malo tuvo poder suficiente como para ensombrecer lo bueno, que fue mucho.
En fin, que a ellas las quiero mucho pero el entorno en el que las sigo tratando me perjudica mucho más de lo que me beneficia. Y ahora me toca ser egoísta.
La verdad es que cada vez me cuesta más aparecer por allí (allí es por las cercanías de mi ex trabajo).
De repente ha empezado a olerme a rancio.
No se debe volver a los sitios donde uno lo ha pasado mal. Porque quedarse sin trabajo, en mi caso, ha sido un mal menor (a ratos casi un regalo).
Lo realmente terrible ha sido lo vivido "antes de".
Y, al final, los que están dentro siguen metidos en un círculo que ya no es el tuyo y del que por salud mental deberías alejarte lo más posible.
El simple hecho de oír pronunciar algunos nombres (y siempre se pronuncian)consigue ponerme nerviosa para varios días.
Llevo dos meses y pico sin trabajar y todavía no ha habido una sola semana en la que no haya tenido una pesadilla relacionada con lo que viví.
Ocho años al lado de un psicópata son muchos años, suman muchos días, muchas horas y un desgaste emocional tremendo si eres medianamente sensible.
Digamos que no es lo mismo perder un trabajo de un año que perder un trabajo de quince, toda tu vida laboral y gran parte de tu vida afectiva.
Y lo peor es que te obliguen a desearlo. Que te veas empujada a tomar la decisión de irte porque lo malo tuvo poder suficiente como para ensombrecer lo bueno, que fue mucho.
En fin, que a ellas las quiero mucho pero el entorno en el que las sigo tratando me perjudica mucho más de lo que me beneficia. Y ahora me toca ser egoísta.
martes, 19 de mayo de 2009
Desencuentros
El cielo me reclama mientras plantas árboles.
Porque eres de metal y de cemento,
de una materia que no vence.
Mientras estudias la razón del mar,
a mí me crecen en las manos barcos,
naufragios de papel,
espumas de color azul entre las piernas.
A ti te sobran dientes para morder los besos
a mí me caben mapas en la boca,
por eso estamos solos cuando amamos.
No sentimos la misma oscuridad,
ni en nuestros rostros brilla el mismo azufre.
Porque eres de metal y de cemento,
de una materia que no vence.
Mientras estudias la razón del mar,
a mí me crecen en las manos barcos,
naufragios de papel,
espumas de color azul entre las piernas.
A ti te sobran dientes para morder los besos
a mí me caben mapas en la boca,
por eso estamos solos cuando amamos.
No sentimos la misma oscuridad,
ni en nuestros rostros brilla el mismo azufre.
martes, 12 de mayo de 2009
Poema Infantil
El tenía paraguas en los dedos.
Y yo, que estaba loca por sus manos,
pretendía mojar con mi lengua su voz,
salvarme de la vida tras su espalda.
Quería darle besos en el miedo.
Explicarle que dentro de mis cosas
hay duendes que vigilan el planeta
(para que nadie pueda hacerte daño,
mi amor).
Yo quería cuidarle de lo negro,
ser parque en sus domingos.
Llenarle los zapatos de tormentas.
Y enseñarle que todo es de mentira
menos este momento que llueve en las ventanas.
Y yo, que estaba loca por sus manos,
pretendía mojar con mi lengua su voz,
salvarme de la vida tras su espalda.
Quería darle besos en el miedo.
Explicarle que dentro de mis cosas
hay duendes que vigilan el planeta
(para que nadie pueda hacerte daño,
mi amor).
Yo quería cuidarle de lo negro,
ser parque en sus domingos.
Llenarle los zapatos de tormentas.
Y enseñarle que todo es de mentira
menos este momento que llueve en las ventanas.
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